Mort per descobrir els irracionals

Hace unos veinticinco siglos, en Grecia, existió una sociedad de astrónomos, filósofos, músicos y matemáticos que se autodenominaban Pitagóricos. Es de esperarse que el “líder” de esta doctrina sea el mismo Pitágoras de Samos (sí, el del teorema de Pitágoras), incluso cuenta la leyenda que este hombre se hacía por demás el importante, y le hablaba a sus súbditos desde atrás de una cortina, y para verlo a la cara se requerían años de servicio.

Estas personas estaban unidas por la creencia de que todo el universo estaba armónicamente formado por números, especialmente por números racionales. Concebían la abstracción del número racional como señal de pureza y divinidad: por eso creían también en la pureza del alma, y que las cosas terrenales como el propio cuerpo eran despreciables (y eran vegetarianos por miedo a comerse a un amigo reencarnado).

[...]

El hecho es que este grupo de excéntricos vivía feliz en su mundo armónico y numérico, hasta que uno de sus miembros, Hipaso de Metaponto, intentó encontrar la relación que había entre un lado de un cuadrado cualquiera y su diagonal.

Y descubrió (paradójicamente mediante el teorema de pitágoras) que ningún número natural, ni ninguna relación de otros números naturales podía explicar el resultado: la raíz cuadrada de 2, que es 1,4142135… seguido de infinitos números sin ninguna regla o patrón.

La resta de la història d’Hipàs de Metapont, a Proyecto Sandía.

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